Zurderías y destrezas

Carezco de mano hábil, pero hay quien dice que son bonitas. Tengo buen pulso cuando escribo, aunque no cuando me río. Escribir es algo que hago con la izquierda. Reírme, sin embargo, me gusta hacerlo con las dos riberas de mi cuerpo, la que está seca y la que moja. Entro a las habitaciones con cualquier pie, siempre y cuando sea el incorrecto; y tropiezo, tropiezo mucho. Como las cosas no me suelen salir bien, pues desconozco al principio con qué mano emprenderlas, las empiezo siempre más de una vez y aquí estamos de nuevo, ante un folio en blanco. Ser torpe suele ser una buena excusa para gozar de otra oportunidad.

Así, puede que este no sea ni el primer ni el último lugar en el que leas algo que haya salido de mi mano. Todo sale siempre de mi mano: ella media mejor entre mi interior y mi exterior que mi boca. No sabemos si por la habilidad de la primera o por la torpeza de la última, pero de momento, de lo que acabas de leer sólo una cosa es verificable: esta es mi casa ahora y espero que también la tuya, durante los minutos que seas capaz de permanecer conmigo. Bienvenida. Bienvenido.

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