Naturaleza insulsa

Un dedo tentando el agua helada;
unos prismáticos,
un mapa.

Siempre la misma rabieta,
cambiando con timidez la disposición de las cosas.

Achicar agujeros,
esparadrapo entre los dedos,
ir tirando.

Cierro la boca:
necesito ahogar este grito que ya aburre.

Pero no encuentro matiz alguno en las palabras que me prohíbo.

No existe iridiscencia en el aroma
de esta manoseada pena.

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