I.

Fijaste a mi corazón un vacío
nada más verte:
pleno, atiborrado de lejano estruendo,
pisotones de millares de futbolistas hambrientos
a la caza de una liebre
en un estadio del tamaño de Tiananmén.

Tejí una incógnita en forma de túnel
entre tus ojos y los míos,
una boca de metro por la que reptaron,
en silencio, centenares de bicicletas.
Y me dije:
¿Será este vacío tan grande
una extensión del mío?

Grité entonces ¡eco!, bien fuerte.

Muy a mi pesar,
volvía.

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