Equilibrio

Equilibrio es primavera
y un pie fuera de la manta,
es el centro de la cama,
algo de sobras en el plato
y el hambre justa
que agudiza olfato y vista.

Equilibrio es un compás entre los días,
días lúcidos, equitativos y brillantes.

Equilibrio es, bien entendida,
la rutina; gravedad
que no precipita sino impulsa.
Es el sol que alumbra igual
sin refractarse
entre redes,
páginas
o sábanas revueltas.

Equilibrio es un vacío
que no lo es tanto
porque es aire lo que deja:
no del que se respira
sino del que te lleva.

Equilibrio es la exactitud
de las cuentas inexactas:
cuando dos no divide uno en sus mitades
ni uno corta en rebanadas la existencia.

Equilibrio es la pasión del eremita;
la sensación animal
de los placeres no verbales,
es afanarse en afincarse en la experiencia
de vivir dicha en la vida
sin contarla.

Equilibrio es coserse
las alas en el pecho
para poder hacerlo solo
y volar mirando al cielo.

Equilibrio es recordarte,
pero sólo un poco, un poco romo:
sin acercarme descalza
a los confines de la pena
donde sé que merodean
las chinchetas.

Equilibrio es seguir andando
sin la vida a media asta, danzar
entre el boj del laberinto sin buscarte
ni encontrarte debajo de los setos,
acampar dentro,
entre los claros:

allá en los olores donde ya no existes,
donde las flores ya no intentan mencionarte.

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2 comentarios en “Equilibrio

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