Escapada

Ella es voraz;
sé que podría morir joven y de hambre entre sus dientes.
Puse tierra parda de por medio
pero al final el domicilio está donde se vuelve.

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Lombard Street

Diviso la bahía desde esta celda.
El agua está helada en todas las orillas de Escandinavia,
pero los destellos en la superficie siempre recuerdan al verano
y yo últimamente voy con gafas de sol a todos lados
con los ojos y los oídos a cubierto entre otras voces,
no sea que venga a mi encuentro
y se inserte en mi pensamiento
esa guillotina que se despliega
desde las hendiduras de sus mejillas hasta la punta de sus colmillos.

A veces disfraza su voracidad de hastío:
podría engullirme de un bostezo.
No sé cómo tanta ambición se pliega en líneas tan ambiguas,
toda Ella me recuerda a Lombard Street.
Yo me contagio a veces,
y salgo de mi portal con la boca abierta
pero me empacho al primer bocado
y quiero volver a mi sofá, atrancar la puerta
y medir su ausencia.

A duras penas llego a la oficina,
pongo a trabajar a mi suplente,
clavo mi mirada en la pantalla
y me dispongo a esperar a que el día pase,
a que yo pierda mi terror y ella lo encuentre
y eso,
de algún modo,
nos acerque.

Estocolmo

El hielo de aquí me demuestra
que desde lo blanco y apretando los dientes
se florece,
pero que dura poco
y agota
y oscurece,
y el día que fueron seguidas y plenas dos noches
se vuelve, enteros,
dos meses
negros como noviembre.

No son nuevos ni inciertos
abandono ni invierno
pero escandalizan siempre,
y aunque en las noticias no sacarán cómo me he roto,
me acordaré de ella y de mí siempre que nieve.

La criba

Una vibración inmensa
parece haberse hecho cargo de mis cimientos.

El polvo se revuelve,
se desmiga la porcelana,
hay cucarachas rodando bajo escombros danzantes.

Han hecho contacto algunos de mis circuitos:
me permiten comunicarme con mis rincones más sucios.

La vara que mide este fenómeno
tiene el mismo tamaño que la altura que he perdido.
El grosor de la carne que me falta.

Pedí asilo.

Lo hice con vehemencia y argumentos,
con la convicción que sólo ofrecen el hambre y la agonía
de estar tan indecentemente próxima;
fui elocuente, persuasiva,
innecesaria.

La posibilidad es hipermétrope,
y el éxito tiene las fronteras difusas.
Tal vez sea yo
quien acostumbra
a no distinguir los confines de las cosas.

Siempre pienso:
ojalá lo bueno
me hiciera desear estar más viva.

Pero me falla la perspectiva:
de todos los viajes regreso
más menuda cuanto más lejos.

En mi pasaporte de ahora figura una chica
quebradiza
inquieta
miserable.

Extranjera en mi propia carne.

Pulse

Se acerca.
La brisa trae, desde su oreja izquierda
un penetrante olor a derrota.

Lo sublime del momento succiona un vacío:
es deuda.

La frontera entre lo imposible y lo irrepetible
es un desierto
barrido por la euforia.
Deja a ambos lados
sed y cansancio.

Encendí la luz,
se fundió la bombilla,
pero ya había visto algo.

No puedo con tanta oscuridad.

24h – Chase

Mis células rechazan todo elemento externo.
Me muerden con cientos de miles
de puntiagudos y diminutos dientes.
Hoy no resulto ni por asomo
en la suma de mis elementos:
soy inmune a la razón.

Tiene que ser primavera en algún sitio.
El Norte ríe ante la repentina levedad de mi calendario.

Hay alguien haciendo de mi en la oficina.
This is as warm as it gets,
le dicen a mi suplente.

Mejor.

Hay riesgo de incendio.

Titanic

La falta de costumbre le puede a la experiencia.
De poco me ha servido tener treinta.
No soy más cínica, ni más lista,
tan solo algo más triste
de media,
en una distribución sin gran varianza.
Los dolores se han vuelto crónicos,
y hoy lleva tres días molestándome su ausencia.

Siendo tan consciente como ahora
de cómo se adhiere a las uñas,
introduje los dedos entre el alquitrán de la orilla
nada más verla
y ya ando con el corazón roto
por los paisajes de mi tierra
y el barco aún no está hundido ni la costa negra
pero el recuerdo está reciente y la mar apesta.

Tengo la sensación de que se acerca:
mi última gran tragedia.